viernes, 12 de septiembre de 2014

Circo – Maroma – y – teatro

El llenó sus ojos de asombro, una noche mágica, y señores, por fortuna o infortuna ella adora la magia, él no lo sabía, fue simple casualidad, o causualidad, no lo sabemos. Como buen mago, el creó una realidad inexistente, monto el escenario perfecto para el acto perfecto, el más preciso, el menos conocido por los ojos de ella, él no lo sabía. En la mente de ella, esta película ya había rodado, ¿cómo? En las fantasías de ella, en los escritos, en las novelas, en sus libros de Milan Kundera, y otros autores más, mágico, mágico. Él no era serio, ella lo sabía, el buscaba sexo, ella lo sabía, mas nunca imagino su pequeña mente provinciana el circo, maroma y teatro que el prepararía, y para fortuna de él un casual mago en el acto, Todo lo anterior y solo para llevarla a la cama, aun cuando ya la tenía segura, rebaso las expectativas de ella, fue exactamente lo contrario a lo que ella esperaba ver, ¿que esperaba ella?, nada, es la verdad, nada y la nada define, solo la nada. ¿Quién era el?, toda la noche ella se lo preguntaba, desde que su mirada se fijó en él, en su persona, sonó esta pregunta así de burda ¿Este quién es?, aun así, encantada siguió sus pasos, nerviosa, aclaro, así es ella, se sonroja con todo y con nada. Él no lo sabía, él no lo sabía, pero hizo cosas que ella solo en sus fantasías había vivido, él no lo sabía, ella se sintió especial, él fue solo convencional, un tanto casual, así era el, por lo menos eso parecía, así era su costumbre, su manera de ser. Ella, con sus curiosos ojos, solo estaba deslumbrada, por aquel escenario, y hasta el actor que nada mal estaba. Ella, no había vivido esa clase de cosas, no iban para su categoría, por lo menos eso pensaba, pero mira que la casualidad o la causualidad, cosas digo que aún no sabemos, llenaron sus ojos, su mente, y si, abrieron su alma. Drama señores, se aproxima el drama pensó ella, y no hacía más que sonreír esa noche, solo sonreía y disfrutaba como si fuese el ultimo día de su vida, así de intenso ella lo sentía, aunque sabía que era solo una noche, tristemente una noche. Por ella, nunca nadie hizo algo similar, y mucho menos solo por llevarla a la cama, él no sabía, pero sin querer la elevo, sin esfuerzo, aclaro, solo la elevo a tocar un poquito de las estrellas que ella deseaba conocer. Él no lo sabía, pero así fue. Por suerte para él, y mira que suertudo, había un mago, ese mago antes mencionado, ese mago en el acto, que casualidad, esa si fue casualidad. ¿Que tenía ella en su defensa?, solo su intelecto, ¿lo impresionó? Tal vez… suena a especulación, la mayor de las especulaciones, de esas que te llevan a la mentira o a la verdad, de esas que ocasional el peso y no la levedad. Ella es impresionante, ella lo sabe, él es de los que impresionan y él lo sabe. Ambos de mundos diferentes, y ahí los tienes, sentados a la mesa, con tanto que carcajean y hablan, él la hace reír, como la hace reír, la tenía en sus manos, él lo sabe, ella también, mira sus sonrisa y sus ojos como brillan, está sorprendida, lo mejor que a ella le puede pasar, es la sorpresa, adora las sorpresas, por eso aquel mago fue la casualidad más a favor de él, y él no lo sabía, pero sí que aprovechó su presencia para nombrarla dama y hacerla sentir más especial de lo que ya se sentía, ella reía, irónica lo hacía, ¿Qué digo, que hago?, ella no sabía. Para repetir la oración con la que comienza el párrafo anterior, ambos de mundos diferentes, el con todo, ella con nada, eso ella pensaba. Nada, nada, como suena la palabra, simple, vacía, solo nada, sin más, sin menos, solo nada. Ambos tan llenos de la nada, él nunca había conocido a nadie como ella, y ella a nadie como él, aun tan evidente, y tan común la gente como el, pero nunca imaginó que alguien como el haría algo como lo que hizo por ella. Y!! Lo más irónico, solo por llevarla a la cama, fue demasiado, fue demasiado. Tan demasiado, que solo quiso pensar, ¿será costumbre?, para luego responderse a sí misma, si es costumbre, esto para no afligirse. Nada especial, todo común, como tomar las cosas a favor de la nada, ella pensó. Él inteligente, la trabajo, con qué razón, no lo sabemos, así como no sabemos si es casualidad o causualidad, que para cómo van las cosas, al parecer es causualidad. La doblego tan fácil, eso era lo que ella no soportaba, la levedad o el peso, le dio el peso. Sin saber, el doblego a esa mujer, que según ella se necesitaba más que el todo y no la simple nada, lo más simple él lo tenía, él lo sabía, ¿qué hay con eso?, aquello consciente e inconsciente, no fue su dialogo fantoche, inundado de objetos, fueron las charlas previas, los actos mínimos de interés, su galanura y su sonrisa, eso fue lo que más la sorprendió, ella conoció al hombre de su vida en una noche, el solo tuvo una chica más, ella lo sabía, el también. Que lleno esos pequeños ojos de asombro, él. Era si no me equivoco, mejor de lo que ella esperaba, que esperaba ella, lo repito, nada señores nada. ¿Porque era el mejor de lo que ella esperaba?, sonaba diferente por bocina, por teléfono, era diferente, con poca imaginación, eso era evidente, eso ella pensaba, aclaro, así tan lleno de simpleza en su conversación, también era un loco apasionado, ella le seguía el cotorreo, solo para ver qué pasaba, así era ella, así experimentaba ella. El sin saber, la hacía reír, y si en dos que tres ocasiones, ella también lo hizo reír a él, ¿como? ¿sin verse? ajá, sin verse, era coquetería, eso era. No fue el derroche, no fue el dinero, pues el parecía tenerlo. ¿Que fue entonces?, la impresión señores, el asombro que ella se llevó, ni con todo el dinero del mundo, nadie le quitara de su mente ese regalo, y si no se lo agradeció toda la noche, no se lo agradeció nunca, que quiero decir, que necia ella, agradecía a cada rato! Un cuento de princesas, eso parecía, aunque detrás de esa mirada que pretende sea fría, tan fría que parece, ridícula, solo a ella se le ocurre, si es como una broma, aquella cara de rudeza que ella pretende, es una broma. Era solo sexo, ella lo sabía, pero ¿y todo el circo, maroma y teatro? Una pregunta sin respuesta, eso debe ser, de aquellas que anuncia Kundera en la insoportable levedad del ser, esa pregunta que determina las posibilidades del ser humano, de esas que trazan la existencia del hombre. Así se sentía ella, marcada por esa pregunta. Circo, maroma y teatro y hasta un mago en el acto.

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